ENTREVISTAS

REWIND: El legado de Caín Velásquez

En REWIND revisamos textos previos relevantes a la actualidad. La mañana del 29 de diciembre de 2012 nos alistábamos para el segundo combate entre Caín Velásquez y Junior Dos Santos, cuyo resultado definiría la carrera de Velásquez. A la puerta de la tercera parte entre ellos, recordamos estas palabras. Publicado originalmente el 29 de diciembre de 2012 en La Ciudad Deportiva.

Una Virgen Guadalupe y “Brown Pride” marcados permanentemente en la piel. La Virgen por su madre, Isabel, quien le dijo que la morena del Tepeyac se encargaría de protegerlo dentro y fuera del octágono. “Brown Pride” por su padre, Efraín, quien cruzó ilegalmente de Sinaloa a los Estados Unidos y, después de ser deportado y volver a cruzar seis veces conoció y se casó con Isabel, obteniendo la ciudadanía americana y consiguiendo el objetivo por el cual arriesgó su vida en tantas ocasiones, lograr que su familia tuviera una mejor oportunidad.

Los reflectores no cambian la actitud de Cain. El hijo nacido del sueño americano ante la prensa, en eventos públicos, es igual que en su vida privada, tranquilo, hablando con calma, con pausa, con voz baja, pocas palabras. Cumple con sus obligaciones, pero el robarse la atención, el denigrar a su oponente no está dentro de ellas. “Ojalá no gane Caín, es una pésima entrevista” dice un medio previo a una conferencia de prensa. No sabía que facilitar nuestro trabajo era un requerimiento necesario para ser campeón mundial.

En Las Vegas la semana de UFC 155 iba tranquila hasta la conferencia de prensa oficial donde el tema del tatuaje de Cain sale a la luz. “Las personas que tienen un problema con el tatuaje de “Brown Pride” son idiotas, él simplemente está orgulloso de ser mexicano. Viví en Boston y cada italiano andaba por ahí con un tatuaje italiano en su cuerpo, cada tipo irlandés tenía un tatuaje irlandés y hay más ejemplos. Es ridículo”. Son las palabras de Dana White, presidente de la UFC, quién tiene que salir a la defensa de Cain y frenar súbitamente la narrativa del medio que hizo la pregunta.

Cuando tengo una oportunidad de entrevistar uno a uno a White, comenta: “¿La gente habla mierda del tatuaje “Brown Pride” de Cain? ¡Está orgulloso de ser mexicano! ¿Cuál es el problema? Un tatuaje de “White Pride” es completamente diferente, si usas un tatuaje así eres un ‘redneck’, nosotros sabemos de lo que hablas. Los chicos con raíces mexicanas en Estados Unidos quieren hablar español, están orgullos de ser mexicanos”.

Es este orgullo, sumado a las cualidades que lo hacen técnicamente el mejor peso completo que ha pisado un octágono de la UFC, lo que ha cautivado a los mexicanos y a los mexicoamericanos, elevando a Cain rápidamente a las ligas de los ídolos y estandartes de la comunidad, y de toda una nación, aficionada a las artes marciales mixtas que prende la esperanza de ver un evento local en el éxito de Cain.

Cain Velasquez, hijo de Isabel, hijo de Efraín. Hijo en el corazón de millones de exiliados, hijo en la memoria de miles que perecieron en el intento. Hijo de dos naciones y una sola cultura, pone en la línea su carrera.

Velasquez es una anomalía estadística en el conjunto de la división completa. Es sin lugar a duda el peleador más atlético de la división y ha hecho una carrera con su habilidad para encontrar el ángulo exacto, la palanca exacta y la cantidad exacta de agresividad para llevar el combate a la lona, tomar posición y deshacer a sus contrincantes. Al inicio de su carrera no fue fácil firmar peleas para él, un mito urbano desde el día en el que comenzó su entrenamiento en “American Kickboxing Academy” en San José, California, no muchos querían enfrentarlo. Fue hasta su octava pelea profesional, ante Minotauro Nogueira en UFC 110, que encontró un oponente digno y que representaba un verdadero reto.

Desarmó a Nogueira como pocos lo habían hecho en camino a una oportunidad por el cinturón ante el fenómeno de la naturaleza conocido como Brock Lesnar, quien lo puso en aprietos por menos de un minuto, antes de que Cain tomara completo control de la pelea y lograra el cinturón, celebrando con las manos al aire y luego cubriendo su cara, absorbiendo cada momento.

Tal vez fue la lesión que sufrió ante Lesnar, un desgarre en el manguito rotador del hombro, que lo dejó por primera vez en su carrera UFC sin pelear por más de un año. Tal vez la lesión previa a la pelea con Junior Dos Santos lo afectó mucho más de lo que pensamos, pero el día en el que perdió el cinturón ante el brasileño no fue el resultado lo que manchó su carrera, fue la completa desaparición de Cain Velasquez ante el reflector más fuerte. En la primera pelea UFC transmitida por televisión abierta en los Estados Unidos la agresividad de Cain no entró al octágono. 64 segundos después la mano de Dos Santos sería alzada y el cinturón colocado en su cintura.

La rapidez con la cual Junior Dos Santos y Cain Velasquez tendrán una segunda parte en su saga por el cinturón ha sido completamente circunstancial. Un vacío de talento en la cima de la división y la dificultad en traer al campeón de Strikeforce Daniel Cormier a la UFC combinados con el resultado positivo del holandés Alistair Overeem en un examen de dopaje previo a su combate con Dos Santos programado para UFC 146 y el dominio de Velasquez ante Antonio “Bigfoot” Silva en esa misma función, los tiene juntos de nuevo, pero el vacío que le otorgó la revancha rápidamente a Cain ha desaparecido, una derrota esta noche lo pondrá al final de una larga fila de contendientes de la cual podría no volver a destacar.

Cain Velasquez, hijo de Isabel, hijo de Efraín. Hijo en el corazón de millones de exiliados, hijo en la memoria de miles que perecieron en el intento. Hijo de dos naciones y una sola cultura, pone en la línea su carrera. Cain Velasquez, leviatán mexicano, hijo de la bandera que amarra en su puño al caminar por el oscuro túnel tras el cual se encuentra la gloria, definirá su legado esta noche.

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