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Esquina Neutral: La tragedia actual de las 155 libras

Después de unas primeras declaraciones hace algunos días, el presidente del UFC, Dana White, ya tiene en mente la resolución a la cima de las 155 libras.

Todo apunta a que llegará una resolución que a todos parecía obvia en el aspecto deportivo, retirar el cinturón indiscutido de la división a Conor McGregor, elevar a Tony Ferguson a esta posición, y enfrentarlo ante Khabib Nurmagomedov el mes de marzo en Las Vegas o el mes de abril en Brooklyn.

Pero en los deportes de combate lo deportivo nunca ha sido, o será, lo único a considerarse, y tras lesiones, excursiones a las 170 libras y el boxeo, cortes de peso fallidos, el peso ligero ha tenido dos años que han dejado la punta de la división en la tragedia.

La división está en disputa entre el campeón indiscutido, Conor McGregor, el campeón interino Tony Ferguson, y el retador Khabib Nurmagomedov. Pero las 155 libras han estado inestables desde noviembre de 2016.

En ese mes Conor McGregor vencía a Eddie Alvarez para hacerse del cinturón indiscutido de la división. McGregor originalmente pelearía por este cinturón en marzo de 2016, pero una lesión del entonces campeón Rafael Dos Anjos suspendía la pelea.

Nate Diaz entraría al reto, dando a McGregor su única derrota en el octágono hasta el momento.

El irlandés empujaría para una revancha inmediata, la cual se realizó en agosto, y ocho meses después de lo planeado tendría la contienda por el cinturón de su división natural, la ligera.

Tras tres peleas en 2016, y tres en 2015, McGregor pedía a la promoción una pausa para el inicio de 2017 mientras llegaba el nacimiento de su primer hijo.

Es por eso que la promoción planeó una contienda de cinturón interino en marzo de 2017 entre Khabib Nurmagomedov y Tony Ferguson para UFC 209, pero el ruso fallaría durante el proceso de corte peso, no podía subir a la báscula, y la contienda se cancelaba.

Fue aquí donde todo el plan se desmoronó para la división, aunque rindió frutos para el UFC y Conor McGregor.

Mientras la promoción decidía que hacer con la mejor división del MMA mundial, y días después de la debacle de UFC 209, Floyd Mayweather había visto que la reacción a lo que inició como un simple tanteo para una posible pelea de boxeo entre él y Conor McGregor, había sido abrumadora.

‘Money’ empujó a UFC y a McGregor, y tanto la promoción como el irlandés no pudieron decir que no. Era una oportunidad innegable, y una en la que ambos se necesitaban, y ambos se beneficiaron.

Sin Ronda Rousey, y sin Conor McGregor en el octágono, UFC no tenía prospectos para una función explosiva en ventas y cobertura en 2017. De permitir la contienda de Mayweather vs McGregor, esta no solo daba un beneficio económico a la promoción al ser los dueños del contrato del irlandés, también daría una exposición a medios y público masiva, y a un público y medios que normalmente el MMA no alcanzaría.

Para McGregor la decisión era sencilla, la exposición y una bolsa económica que probablemente jamás tendrá en el resto de su vida, más la bendición del UFC, no le daban más que positivos a su participación en la contienda.

La opinión personal de los aficionados al combate, su promoción, y las repercusiones, varían mucho dependiendo del tipo de afición.

Siendo neutros, es difícil negar que si bien una parte de la afición más cercana a la promoción no le gustó nada lo sucedido, esta no cambió sus hábitos, y aún sigue a la promoción de igual manera.

Podrán decir en todos los comentarios de Facebook que “UFC es un circo”, o que “Conor McGregor es un payaso”, pero estarán pegados al televisor en la siguiente cartelera y el UFC lo sabe.

Cuando la bolsa económica era tan beneficial para UFC y Conor McGregor, cuando representarían su negocio y deporte en un escenario donde nadie lo había hecho, valoraron que el riesgo era aceptable, especialmente en 2017 donde las ventas de Pago Por Evento de UFC bajaron, al igual que sus ratings en televisión en los Estados Unidos, en un año donde están negociando un nuevo contrato de derechos de transmisión.

Tampoco hay que desechar lo que haya podido aprender UFC al acercarse al boxeo.

El primer amor de Dana White es este deporte, y no fue coincidencia que apareciera en la promoción rumbo al combate con la imagen de “Zuffa Boxing”.

Veremos si algún día la nueva compañía de boxeo despega, pero aún con todo lo que se puede criticar del UFC, hay muchas lecciones del octágono que beneficiarían al cuadrilátero, en especial en la manera en la que se junta a talento en cada cartelera, en su promoción, y en su difusión a medios.

Pero mientras la aventura de McGregor y Dana White sucedía en junio, julio y agosto, la división premier del octágono quedaba a un lado.

Tony Ferguson seguía entrenando, y listo para pelear. Tras bambalinas, posterior a UFC 209, Khabib Nurmagomedov volvía a lesionarse. La promoción le ofrecía combates ante Ferguson en el mes de octubre y noviembre, meses donde necesitaba presente al peso ligero para encabezar carteleras importantes, pero el ruso por salud negaba ambas fechas.

Fue así que terminamos con un prometedor, pero deslucido, combate en UFC 216. Con la división ocupada, sería Kevin Lee quien tenía la oportunidad ante Ferguson. Lee llegaba con empuje después de una bronca en conferencia de prensa, y subsecuente dominio de Michael Chiesa.

Pero Lee llegaba a la función en malas condiciones y controversialmente le fue permitido pelear en la contienda con signos físicos de lo que después el mismo peleador declaró era una infección de estafilococos.

Hoy, regresamos al mismo lugar que en noviembre de 2016. Con un campeón que no quiere tener actividad, y dos claros retadores a la cima.

Conor McGregor tras ver su vida cambiada con el pago del combate ante Floyd Mayweather, el cual se especula fue superior a 100 millones de dólares, no tiene planes fijos para regresar al octágono.

De acuerdo a Dana White, el irlandés le ha dicho a UFC que no quiere regresar antes de septiembre de 2018.

Seguramente tanto McGregor como su equipo saben exactamente que las declaraciones de White en medios serían más claras después de esta línea de tiempo, con el presidente del UFC midiendo sus palabras para la estrella más grande de la promoción, pero sabiendo que los permisos especiales tienen que parar y el cinturón le tiene que ser retirado.

Esto va completamente en línea con lo que McGregor ha mostrado en su carrera.

El irlandés, para bien o para mal, no tiene interés alguno en el lado deportivo o competitivo del deporte, excepto cuando le beneficia económicamente. Los campeonatos solo son una herramienta para mejorar sus ganancias e imagen, con cuatro de ellos ganados en su carrera profesional y cero defensas.

El retiro del cinturón solo le abre más posibilidades al irlandés de tener opciones rentables de oponentes, ya sea una tercera contienda ante Nate Diaz, o empujar por enfrentar a Georges St-Pierre en 170 libras, lo que sin problema serían los combates más vendidos del año, y seguramente tendrían figuras más altas que si enfrentara a Ferguson o Nurmagomedov.

Tony Ferguson y Khabib Nurmagomedov serán emparejados por cuarta vez, en un combate que sigue siendo el de más alto nivel deportivo que puede hacer hoy el UFC, aunque estará lejos de ser el más popular.

Y esta es la verdadera tragedia, la tragedia de los deportes de combate que ahora tiene presa al peso ligero.

En un mundo donde gran parte de la afición busca ver a los más populares, y donde económicamente esto es más rentable para todas las partes, es difícil culpar a Conor McGregor o a UFC por su actuar.

Los puristas ahora tendrán que mantener los dedos cruzados, esperar que la negociación salga bien, y que podemos ver en pocos meses a Tony Ferguson y Khabib Nurmagomedov, dos de los mejores en la historia de este deporte y su división más complicada, pelear por el alma deportiva del UFC y las Artes Marciales Mixtas.

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