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El sendero de Junior Dos Santos

Comienzas a entrenar Jiu Jitsu a los 21 años. Poco después, boxeo. Tienes un físico privilegiado, tienes unas manos de oro. Podrías ser boxeador, pero decides darle una oportunidad al deporte que empieza a arrasar tu país, MMA.

Debutas rápidamente, ganas tus primeras cinco peleas, ninguna llega a las tarjetas. Tu sexta es tu primer derrota, pero no importa, ganas la siguiente e impresionas a las personas correctas, te llaman a las grandes ligas, estás listo para la UFC.

Vas a Illinois, frente a ti Fabricio Werdum. Tiene el doble de peleas, ha ido a Japón y dominado, ha vencido a los nombres que te impresionan, te das cuenta que estás ahí para perder, para que él pueda subir e ir por un cinturón, eres sólo una pelea más. No lo permites.

1 minuto 20 segundos después él está en la lona, un uppercut, el golpe que todos llegarán a conocer en tus peleas. La pelea se termina. Grandes augurios para tu carrera. No debías haber ganado y terminas la noche como el nocaut de la función.

Ahora, otro prospecto, Stefan Struve. Lo destrozas en 54 segundos. Mirko Cro Cop, Gilbert Yvel, Gabriel Gonzaga, Roy Nelson. Shane Carwin. Todos suben al octágono, pero tu mano siempre termina levantada por el referí. Eres imbatible. Tu país te ama. No tienes que ser rudo, no tienes que ser el malo, sólo en el octágono, sólo cuando vas al centro, cuando anuncian tu nombre, ves a tu oponente y señalas con fuerza la lona, ahí acabará cuando suene la campana.

Es tu turno. Caín Velásquez y el cinturón completo. Todos tus sueños se están cumpliendo. La promoción apuesta una parte importante de su futuro en tu nombre, la primera pelea de la UFC en señal abierta en Estados Unidos será tu búsqueda por el campeonato.

Te lesionas en los entrenamientos pero no lo haces público, no quieres defraudar a nadie, no quieres que te quiten esta oportunidad, has hecho todo el entrenamiento, todo el esfuerzo y costos relacionados.

64 segundos. 64 segundos y tu mano está tocando el cielo. 64 segundos y el cinturón es tuyo. Un volado de derecha cumplió tus sueños. Te reciben como héroe en Brasil. Pero algo cambia.

En una entrevista declaras que Caín tenía espías y sabía de tu lesión. Más de un medio piensa que estás mintiendo, que sólo querías mejorar la historia.

Llega tu primera defensa, el elegido es el holandés Alistair Overeem. De inmediato comienzan las palabras. Lo conoces y sabes cómo habla, pero te dejas enganchar. No eres tú.

Overeem está fuera, falla una prueba de dopaje antes del evento, ahora enfrentarás a Frank Mir. “No importa quién es mi oponente, yo buscaré el nocaut”.

“En sus peleas, cuando está en una mala situación es fácil que se rinda”. Mir intenta sacudirse diciendo que no vendes las peleas, que no hablas inglés muy bien y que seguro no quieres decirlo. “No promuevo peleas hablando basura, lo que digo lo creo. Confirmo lo que dije y lo que quería decir es que Frank Mir no tiene corazón y no tiene la habilidad para sobrepasar las dificultades de una pelea”. Sorprendes a todos. Estabas orgulloso de no hablar basura, orgulloso de no tener que ser el agresivo fuera del octágono.

Dominas la pelea, Mir no tiene nada que hacer contigo, en menos de dos asaltos lo detienes por nocaut técnico.

No dejas de decir que eres el mejor. El viejo “Cigano” quedó atrás, mencionas que podrías noquear a Wladimir Klitschko, “Tal vez no fácil, pero podría noquearlo.”

De nuevo enfrentarás a Caín. Quieres demostrar que no fue su lesión. Entrenas, entrenas, entrenas. “Rodilla o no, cuando lo golpeé de nuevo lo noquearé”. Llegas a Las Vegas transformado. En el pesaje la audiencia se sorprende al verte tan musculoso. Durante careo posterior es extraño verte tan agresivo, molesto, tu puño en el límite de tocar el rostro de Caín como advertencia. Ese no eres tú.

Llega el día, sales al octágono con el tema de “Rocky” acompañándote, pero ya no eres él, ya no eres el peleador en el que nadie creía y tal vez nadie te recordó que antes de la leyenda, Rocky perdió ante Apollo Creed.

Por primera vez en tu carrera UFC tocas la lona. Un volado de derecha que no viste. Eras mejor que él. No era su lesión. Tú eres el boxeador, no él. La pelea debía ser detenida ahí, pero Herb Dean decide darte la duda del campeón. Te recuperas pero después de 25 minutos eres otro. Tú rostro está completamente desfigurado, jamás te han presionado así, jamás te han golpeado de esa manera, jamás te habían llevado a la lona. Él está sin daño, él se lleva tu cinturón. La foto al final ya es un clásico, bajas tu gorra para tapar tu cara, miras al piso mientras se llevan tu cinturón. No puedes ir a la conferencia de prensa, te llevan directamente al hospital.

Han pasado cinco meses. No das crédito a tu rival. “Fue por mi cabeza, tenía muchos problemas.” “Entrené demasiado, mi creatinina estaba muy alta.” Rabdomiliosis, tus músculos estaban sobre trabajados, su desecho no podía ser liberado por tu cuerpo, tu condición física y riñones fallaban. Eso fue todo, no fue Caín.

Hoy entrenas menos, tienes un equipo médico monitoreando tu salud, y tienes a Mark Hunt frente a ti. ¿Qué vas a hacer, Junior? ¿Cómo vas a reaccionar al primer golpe? Jamás te habían golpeado como en tu última pelea, ¿lo superarás? ¿Está en tu cabeza todavía? Es tu decisión, ¿qué Junior veremos mañana?

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