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Chito Vera salvó su carrera, dramaticamente terminando otra

Por: Rodrigo Del Campo (@RodDelCampo)

El jueves por la mañana, al ver los careos de UFC London, comenté con varios amigos en un chat: “La está pasando mal Chito”.

Su rostro denotaba que el corte de peso marcaba sus estragos en las horas previas a la pelea que había tomado con una semana de antelación, el combate de retiro del icónico Brad Pickett en Londres, Inglaterra.

Horas después me enteré que UFC estaba considerando realizar la pelea en un peso pactado de 140 libras, y de inmediato recordé la escena del pesaje de UFC México en noviembre pasado.

El compañero de Chito en Team Oyama, Joe Soto, tomó el lugar de Guido Cannetti ante Marco Beltrán con menos de una semana de aviso, una pelea de inmediato pactada en 140 libras. Cubierto por una toalla, Joe Soto exhaló para sacar todo el aire de su cuerpo y subió a la báscula, marcó 140 libras, y con rostro de piedra posó para la cámara.

Minutos después Soto, Chito, y demás compañeros estaban junto de mí en el salón, en el piso. Soto estaba en lágrimas después de haber podido dar el peso intentando recuperarse poco a poco. Chito a su lado todo el tiempo, felicitándolo, calmándolo.

Ahora él había experimentado lo mismo, pero en una posición complicada en su carrera.

Vera perdería su debut en UFC ante Marco Beltrán en UFC 180. Pasarían 10 meses para tener su segunda pelea en UFC, donde lograba su primer victoria sometiendo a Román Salazar. Su tercer pelea sería un trago amargo, cayendo ante David Grant en Inglaterra, y luego sería esperar.

Retrasos y más retrasos. Ning Guangyou era el oponente en turno, primero daba positivo por clenbuterol, pero era liberado de cualquier sanción por carne contaminada. Después, Guangyou tenía problemas de visa. La pelea se llevaría a cabo hasta noviembre, nueve meses después de la última pelea de Chito, y sería una división arriba, en las 145 libras.

Chito había hecho todo por regresar a la jaula lo más rápido posible. Ante una lesión de Bryan Caraway tomó en corto aviso una pelea ante Jimmie Rivera, quien primero accedió y luego se retractó.

La carrera de Vera se sentía que estaba en juego en este combate. Con una promoción rebajando su elenco a diestra y siniestra, una derrota ponía a Vera con tres descalabros y solo dos victorias, y en una posición precaria.

Tras dos asaltos la noche del sábado, el combate ante Pickett estaba perdido en las tarjetas. Dos jueces tenían arriba a Pickett 20-18, el tercero tenía un empate. Lo único para Vera, era finalizar.

“Deja que vuelen las patadas” dijo Colin Oyama al ecuatoriano entre asaltos. Y eso fue lo que hizo:

Nada más que respeto al terminar la pelea. Chito de inmediato buscó a un destrozado Pickett. Después de unos minutos, antes de la decisión oficial, ambos se abrazaron y Pickett levantó el brazo de Chito que en el rostro lo decía todo. Alivio por el triunfo, por sobrepasar todos los obstáculos, pero un cierto lamento por la gravedad del momento: haber noqueado a un pionero del MMA británico en casa, en su pelea de despedida.

“Denle respeto a Brad. Brad es una puta leyenda del deporte” decía Chito aguantando las lágrimas. “Recuerdo tener 17 años y verlo pelear. Hoy, tuve el honor de enfrentarlo en su última pelea, y gracias a eso puedo proveer para mi familia. He trabajado toda mi vida para esta pelea, y doy gracias a Dana White, Sean Shelby y UFC por esta oportunidad.”

Los luchadores dejan los zapatos en la colchoneta al retirarse. Replicando este símbolo, Brad Pickett dejó al centro del octágono el sombrero estilo trilby, un tributo a su abuelo, que lo caracteriza.

Una patada lo cambió todo. Mientras el octágono seguía su marcha, la carrera de Brad Pickett terminaba y Chito Vera, con su primer racha ganadora en UFC, mantenía la suya en lo más alto del MMA mundial.

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